Facundo y Jerónimo: Dios los cría…

Miércoles, 13 de Julio de 2011 23:22
Roberto Quesada

“No importa saber a dónde vas ni por qué, solo necesitas saber que vas alegre porque si te lleva la alegría no estás equivocado”—Facundo Cabral, de su libro Ayer soñé que podía y hoy puedo.

Quisiera poder escribir (sin vanidad), Dios los cría y Quesada los junta, pero no, aparte de atrevimiento sería faltar a la verdad. Sin saberlo ya Facundo Cabral y Jerónimo desde hace mucho tiempo Dios los había creado y criado y ellos se habían juntado, enlazados por la música.

Cuando mi colega y amigo escritor Billy Peña me preguntó si escribiría sobre la muerte de Facundo Cabral, le digo que sí, pero después, porque todo estaba muy reciente y me dolía esa partida inesperada, había que digerir, pensar, esperar que las palabras pudiesen colocarse ante la muerte de un grande.

Y así andaban las palabras en mi mente, tratando de acomodarse, sobre lo que diría acerca del gran cantautor internacional Facundo Cabral cuando esas palabras explotan en mi mente atropelladas por otra noticia, de otro grande cantautor, que también de repente, lo ha abordado el tren que a lo mejor él aun no estaba esperando, en ese vagón se subió Jerónimo aceptando la invitación de Facundo que no quiso irse solo a cantar al paraíso.

Y hasta físicamente se parecían: de miradas tiernas y ojos saltones, barbados en canas y unos que otros hilos negros, dispuestos a cantar a dúo, en grupo o sencillamente con la compañía de sus cuerdas, tan inspirados para cantarle a grandes masas, a sus pueblos o como para cantarle a unos cuantos amigos… Si ven el rostro de Jerónimo y el de Facundo en su féretro, ambos parecen estar cubiertos de paz.

El martes nos reunimos con mi amigo, fotógrafo hondureño de las estrellas, Max Flores, para conversar sobre dos amigos comunes que partieron en la misma nave. Recordábamos a Facundo Cabral y a Jerónimo, a Jerónimo y a Facundo Cabral: anécdota de uno y anécdota de otro. Sus pláticas y sus canciones, su poesía y sus manías, sus virtudes de ‘cantaores’ y su condición de seres humanos.

Escuchamos el homenaje que les hizo el periodista Luis Galdámez, en su programa Tras la Verdad, en Radio Globo, a Facundo y a Jerónimo, sus canciones. Traje a cuento una anécdota sobre Jerónimo que siempre ha hecho reír a Max. Estábamos en Teguz y ya casi me tocaba volver a Nueva York, cuando Jerónimo me pide la dirección y me dice que me visitara en Manhattan. Yo no le creo para nada y por decirle algo le digo: “Cuando llegués al aeropuerto decile a cualquier taxista: lléveme a la casa de Roberto Quesada”. Y él solo me contestó: “allí llego pues.”

Facundo Cabral me envió su libro “Ayer soñé que podía y hoy puedo” a través de su representante en Nueva York, Héctor Lacoren. Es un libro pequeño, podría decirse entre libro y folleto, que no tiene fecha de impresión, ni siquiera las páginas las tiene numeradas (las conté y tiene sesenta), apenas dice que fue hecho en Guadalajara, Jalisco. Es un libro hermoso, entre filosófico y motivacional. Con su música y ese libro estaba preparado ya para mi encuentro con Cabral, un par de meses después, que lo entrevistaría aprovechando que se presentaría en el Lincoln Center, de Nueva York.

Volviendo a Jerónimo, tres meses después tocaron a la puede de mi apartamento en el Village. La duda, el temor. Ni los vecinos tocan la puerta en Nueva York sin antes no llaman por teléfono. Espío por el ojo de buey: no podía creérmelo, era el mismísimo Jerónimo en cuerpo y guitarra. Allí mismo pasó adelante, se acomodó, y con guitarra en mano salimos a recorrer Manhattan. Una de esas noches, en la segunda Avenida, le presenté a unos bohemios venezolanos, entre ellos un cineasta que había filmado Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, y Jerónimo empezó a tocar del folclor venezolano Barlovento, y puso a bailar a la gente en plena calle.

Llegó el día de la entrevista con Facundo Cabral, pero más que entrevista se convirtió en conversación filosófica y literaria. Facundo estaba encantado del análisis que yo había hecho de su libro. Tomamos café, Max Flores hacía las fotos, pasamos a lo de la entrevista. Y todo estuvo bien hasta que a Max pidió que nos pusiéramos de pie, saliéramos del café y posáramos en la calle 59. Ya casi listos le digo a Max: “No, no tomés nada”. Facundo me mira y me dice: “¿Qué pasa?”. Le respondo: “Es que no es correcto lo que estás haciendo, si nos van a hacer la foto juntos, tú tienes que ver la cámara y tú te pones a ver para otro lado”. Se disculpó, me dio un abrazó, correspondí, y se hicieron las fotos.

Tantas cosas recordábamos con Max, como la noche del concierto que Facundo saludó a Honduras y hondureños/as presentes en el teatro. A jerónimo, cuando yo vivía en Barrio Abajo, donde constantemente llegaba y se quedaba a dormir, no sin antes dar serenata con el vecindario. Allí llegó Jerónimo, en un día de apagon de luz (para variar) a celebrarle con cuatro y un vino, el cumpleaños al poeta José Adán Castelar. Tiempo después de la entrevista Facundo me mando saludos con su representante, a quien le dijo que yo le caía bien por “incisivo”.

Así estábamos, le contaba a Max que en fecha no lejana, con mi esposa Lucy, Jerónimo me había enviado sus recientes producciones y que se tomó muchas fotos con ella en donde exhibía una barba mesiánica que yo le desconocía. De repente, sí, así como en la buena literatura, escuchamos sonidos en la habitación de arriba, saltos como de niños jugando. Salgo del estudio mientras digo: “No puede ser que Robertito aun esté despierto”. Entro en su cuarto y lo encuentro quietecito, arropado. “Yo también escuché un sonido arriba”, me dice.

Regreso a donde Max y le digo que arriba no hay nada, que es un ático en el que no tenemos absolutamente nada. Buscamos una linterna y Max subió pero no vio nada anormal. Recordé que cierta noche, conversando con Jerónimo sobre alguien que había muerto, “desencarnado”, como decía él, escuchamos sonidos y él aseguró que era el espíritu de quien habíamos evocado. Me sonreí y le dije a Max: “No te preocupés, no hay razón para estar tristes, esos sonidos son de los trovadores que pasaron a despedirse… lo que es la vida, como bien dice el dicho: “¡Dios los cría y el arte los junta!”.

Una respuesta to “Facundo y Jerónimo: Dios los cría…”

  1. Cómo queriendo darle un sentido a la vida…. cómo queriendo respirar en medio de inmundicia…. cómo queriendo vivir, aferrados a la sonrisa!

    A Facundo lo conocí de adolescente y me cautivó con su mente, con su particular manera de ver la vida…. no le conocí físicamente, pero invadió mi joven corazón y mi mente…. de igual forma fueron llegando otros seres que me ayudaron a VER. Conocí a Jerónimo precisamente en Paradiso, de forma casual, como todo el mundo lo pinta.. con su guitarra en mano, es verdad, creo que nunca la soltaba!

    Los recuerdos, las vivencias, el valor de la vida… el valor de cada ser humano, el respeto por lo tuyo es el respeto por lo mío…. así nos une el universo, así nos presenta ante la vida, y nos da alegrías y oportunidades nuevas con cada ser que llega.

    Cuando es el momento de la partida, es porque ya hicimos lo necesario, y se nos requiere para continuar abriendo camino, como dice Machado:

    Caminante son tus huellas el camino y nada más;
    caminante, no hay camino se hace camino al andar.

    Al andar se hace camino
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar.
    Caminante no hay camino sino estelas en la mar…

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