Este 4 de enero, Edgar Soriano nos platica acerca del Bicentenario del levantamiento del Barrio La Plazuela

Este miércoles 4 de enero de 2011
a las 6:30 p.m.
en Café Paradiso
Edgar Soriano, historiador hondureño nos hablará del bicentenario del levantamiento del Barrio La Plazuela.

En el contexto de la expansión de la revolución napoleónica y la toma del territorio español por el ejército francés, en 1808 estallan los conflictos independentistas en la América colonial. Para entonces se establecieron juntas de gobierno autodesignadas de México a Montevideo. Así comenzó la constitución de los nuevos estados emancipados. Casi todos los países latinoamericanos continentales de la actualidad (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela), reconocen en este movimiento sus orígenes como naciones soberanas. Panamá, y los países del Caribe de habla hispana (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana) reconocen los orígenes de su liberación en otros procesos históricos.

Para esas mismas fechas, la Villa de Tegucigalpa era el lugar más poblado y floreciente de la provincia de Honduras. La ciudad, de origen minero, se convirtió en una populosa urbe con ayuntamiento, parroquia, dos conventos, dos ermitas y era la cabecera del partido de su nombre. Competía abiertamente con la ciudad de Nueva Valladolid de Comayagua, capital de la provincia, residencia del Intendente y sede episcopal.Tegucigalpa gozaba de un panorama social diverso, enriquecido por la constante visita de los arrieros que conducían grandes manadas de ganado en pie que iban de tránsito por Tegucigalpa camino a Guatemala y/o México.

Los arrieros de Danlí, fueron portadores de las ideas revolucionarias que viajaban por la región por medio de canciones y cantares repetidos a través de aquellos largos viajes, en derredor de fogatas nocturnas. También el Teatro fue un importante recurso de divulgación de las ideas revolucionarias de entonces.La generación de los tegucigalpenses de fines del siglo XVIII e inicios del XIX se educaron bajo la influencia de las escuelas y conventos religiosos, por demás única opción en el régimen colonial. Particularmente la escuela que dirigió el padre Gabrielín, en el convento de San Francisco, divulgó el pensamiento ilustrado y se constituyó en la primera generación que se apropió de una visión del mundo según la cual la libertad era condición indispensable para alcanzar la propia realización.Para la corriente ilustrada la libertad no se concebía desvinculada de la igualdad y la fraternidad, la maravillosa tríada revolucionaria.

En ese escenario la libertad y la igualdad fueron profundamente pensadas por Voltaire, quien hizo un temprano llamado a “atreverse a pensar por sí mismo”. Conceptos que este autor divulgó en su Diccionario Filosófico y que, según el escritor, fue su personal aporte a la lucha en contra de la superstición y el fanatismo. Entre los destacados discípulos de Gabrielín se encontraba Francisco Morazán. Sus compañeros de aulas fueron, en su mayoría, hijos de mineros, hacendados, comerciantes y de las viejas élites criollas. Ahí entendieron el sentido de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Fue así que, en la región centroamericana, arraigó la noción de la emancipación, cuya expresión más inmediata la encontramos, primero, en el levantamiento de 1811 en la ciudad de San Salvador. El 13 de diciembre de 1811 le sigue el amotinamiento del pueblo de León, Nicaragua, liderado por el fraile guatemalteco Benito Miguelena, quien también se levanta contra las autoridades españolas. A esta le continuó la insubordinación del pueblo de Granada, el 22 de diciembre, quienes también levantaron la bandera en contra de las faltas de libertad y la desigualdad impuestas por el injusto orden colonial. El primero de enero de 1812, hace 200 años, los pobladores del Barrio la Plazuela de Tegucigalpa se opusieron a la decisión de los residentes españoles y autoridades de esta ciudad, quienes habían dispuesto que las alcaldías fueran desempeñadas exclusivamente por peninsulares.

Los sublevados lograron que el Ayuntamiento quedara conformado únicamente por criollos. En este motín jugaron un papel fundamental los pobladores del histórico barrio la Plazuela, cuyos habitantes enarbolaron las demandas propias de aquellos –y estos– tiempos, querían vivir en libertad, con fraternidad e igualdad.

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