LECTURA DE POESÍA: Óscar Borge y Fabricio Estrada

Este jueves 11 de diciembre de 2014

En Café Paradiso

a las 7:00 p.m.

Óscar Borge, Honduras

Vestigial

 Adónde van las lágrimas del hombre
en que río de cadáveres se empoza
a qué abismo rocoso ruedan sus puños
Viajan con su equipaje de despojos
retazos de piel y huesos
son noche, lluvia
con el peso de las hecatombes
es el hombre capaz de cargarlas toda una vida
es el hombre capaz de hacer caer en el aire
el suicidio de su tristeza.
Limpias, con su torpe semejanza al mar
como si la inmensidad del océano fuera pequeña ante sus cosmos
como si dentro de ellas un barco zarpase a naufragar
adentro está 
la humanidad entera.

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Hay días raíces
gotas
lluvia martillando el camino
soles en batalla con nuestra frente
abriles perdidos en la incandescencia de un zapato
paraísos con gravidez de infierno

Y nos quedamos a la espera
de vasijas llenas
de barro luminoso

Hay días lluvia
soga
fotografías
en el armario de nuestra casa

Quizá las luciérnagas agotaron su brillo
o mordimos demasiado rápido la manzana
tal vez olvidamos hacer una pausa
y leer bien esa postal que nunca enviamos

oscar borge
Fabricio Estrada, Honduras
Poema que la muerte espera
Nada es para siempre,
aceptémoslo,
Lo eterno se inventa
para no vernos acabados.
Nada dura más tiempo que una vida,
sólo las aves creen que el planeta es infinito,
sin imaginar que su vuelo
es inferior al de los astros
y que estos, a la vez,
un día se opacan
y surcan vacíos el silencio
como el corazón de un hombre
que ha dejado de amar.
Por ello, cuando sé
que el amor es el primero en morir,
no dejo de sentir una extraña alegría,
saco una silla al patio
y entre las flores,
dejo a los gatos atrapar
y matar mariposas
en su juego.
Poema en onda corta
Con la radio venía la revolución.
Por las noches, cuando mi abuela dejaba
el responsorial y la estación católica
interrumpía su señal,
la radio quedaba a la deriva
en la curiosidad del niño:
¿Quiénes eran los santos furibundos
y quiénes los mansos pecadores?
“Condenamos
la grave orientación de la revolución vietnamita
y el leve alzamiento de la revolución filipina.
Condenamos
la lejanía que advertimos en la revolución sandinista
y el tímido apoyo de los afganos
a los tanques soviéticos.
Condenamos
el marasmo en que camina la revolución en Polinesia,
y la interpretación vaticana a la furia del italiano.
Condenamos
la pésima interpretación de los comandantes búlgaros
y la casa de caracol donde duermen
los comandantes albanos.
No hay duda que la doctrina jamás será superada,
así, que también condenamos
el enfriamiento de la pasión
en los camaradas moscovitas
y el calentamiento prematuro
de las Panteras Negras en Louisiana…”
Con la abuela, llegaba el fin de la revolución.
Siempre me atrapaba trasnochando,
Fabricio Estrada poemas http://www.artepoetica.net 13cambiaba el dial y me reprendía.
Con tres padres nuestros olvidaba,
según ella,
el evangelio prohibido
que ya se filtraba en mis sueños.
Fabricio Estrada

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