Homenaje a Rigoberto Paredes

Sábado 25 de abril, en Café Paradiso, a las 6:30 p.m.,  homenaje al poeta Rigoberto Paredes

por la gracia del verso

POETICA

bájalos

de esa torre

escóndeles

la musa

espanta

sus fantasmas

ábreles

los ojos

(o limpia sus anteojos)

para que vean

más allá

de la página de la máquina del escritorio

no te dejes

no los dejes

pronunciar tu nombre

en vano

y en vez de alcahuetear sus licencias poéticas

exígeles los actos

alusivos a sus palabras

SE DESAPRUEBA EL ACTA ANTERIOR

no tengo nada contra el sabio Valle
menos contra su estilo de faisán en vuelo
amo de veras
su sin par plumaje
y su abad de san pedro el que soñaba
no se trata de asuntos personales
pero hay algo que aún sigue en veremos
para qué repetirlo
está muy claro
el tiempo ya nos pisa los talones
hablemos de estas cosas vida en mano
después de andar oler mirar las calles
de cantarle a la historia sus bemoles
de estar así
coleccionando especies
de la más espantosa zoología
quién se aguanta este cuento de papeles
sabemos de antemano y es tan cierto
que no bastan pretéritas palabras
sobre todo a estas horas
mejor dicho
a estos siglos ajenos endosados
en que se hacen más nuestras las urgencias
(mucha sangre ha corrido
bajo puentes
desde milochocientosveinti-uno)
pido disculpas en latín y en griego
pero el acta del sabio me parece
una caligrafía
de exponente cero

Rigoberto Paredes, Las cosas por su nombre

Rigoberto Paredes: el compromiso pensante de un humano

Por Edgar Soriano Ortiz
“destellos de ira eran con nombres y apellidos de este país confuso, ambiguo hasta en sus alcobas”
Rigoberto Paredes

Se puede hablar tanto de Rigoberto Paredes (1948-2015) pero es difícil poder reconstruir cada momento de sus etapas intelectuales en una nación marcada por la compleja marginalidad. Trataré de esbozar en base a conversaciones que tuve con él y lecturas del trabajo de creación y gestión cultural de este hondureño comprometido en la construcción de espacios de creación artística y debate cultural.
En la década de 1960 al llegar de su pequeño pueblo natal (Trinidad, Santa Bárbara) a la capital y al viajar el extranjero a estudiar el joven Rigoberto conoció de cerca el impulso de las ideas que promulgaban una revolución internacional y la contraparte represiva y “nacionalista” que demandaba la vieja tradición liberal decimonónica. Por ello perteneció a varios grupos de reflexión con el compromiso de aprender y contribuir a forjar la necesidad de expresión humana.
En la década de 1970 Rigoberto comenzó a publicar su obra y a participar en círculos artísticos convocantes a desmontar el “costumbrismo colonial” por la construcción de lenguajes abiertos a repensar nuestra realidad. Su intervención activa en el “Taller de la Merced” donde compartía criterios y debatían ideas junto a teatristas, pintores y escritores le propiciaron su participación con editor de varias revistas. Sus obras “En el lugar de los hechos” (1974) y “Las cosas por su nombre” (1978) marcaban su paso a la transformación literaria de su generación.
La década de 1980 significó una difícil etapa para las personas dedicadas como Rigoberto a la tarea del libre pensamiento, en 1979 –año de la revolución sandinista- junto a otros intelectuales como Hernán Antonio Bermúdez y Roberto Castillo editaron la revista “Alcaraván” con la colaboración de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) propuesta que dialogaba con contenidos sobre el arte y la cultura universal, y debatía con las ideas políticas en un contexto de represión ante la aplicación de la “doctrina de seguridad nacional” implementada por el Estado hondureño y auspiciada por Washington. En esta etapa encontramos a un Rigoberto paredes con mucha madurez cultural y en su obra literaria un lenguaje estéticamente elaborado con imágenes profundas que muestran la creación de un poeta que edifica hacia futuro una construcción poética, tal como lo discernimos en obras “Materia prima” (1987) o “Fuego Lento” (1989).
Entre la década de 1990 y la década de 2010 Paredes funda nuevos espacios donde los fusiles de la represión no tienen la capacidad de detenerlos, en 1989 junto a su esposa, la historiadora Anarella Vélez, aperturan “Café Paradiso” y funda nuevos proyectos editoriales. En los últimos años de su vida física se dedicó a compartir con nuevas generaciones de jóvenes escritores y escritoras con su característica humildad y fino humor, en una fluida interacción de memoria y retos para la búsqueda de nuevos lenguajes que nos encaminen hacia la esencia humana frente al avasallador sistema económico que somete a una peligrosa esclavitud forzada y a la vez voluntaria, como lo argumenta Durand. Paredes conversó entre “irreverencias” y “reverencias” en igualdad de condiciones con amigos intelectuales preocupados por la vida y por la búsqueda de una colectividad igualitaria. Sus numerosas obras finales confirman su trayectoria llena de búsquedas con puntadas de sastre que lo exponen como uno de los ciudadanos valiosos de la Honduras desgarrada por la historia…

 

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