El séquito de Dionisio

Kavafis

Damón el artesano (no hay mejor

en el Peloponeso) da los últimos toque s

a su séquito de Dionisio

esculpido en Mármol de Parián: el dios a la cabeza

en gloria divina, con fuerza en su paso;

seguido de la Inmoderación; y junto a la Inmoderación,

la Embriaguez vierte el vino de los sátiros

desde un ánfora entrelazada con hiedra;

cerca de ellos, Vinodulce, el delicado,

con ojos medio cerrados, soporífero,

y detrás viene los cantantes

Armonizador y Melodía y Jaranero

–el último sosteniendo la reverenciada antorcha procesional

que nunca deja extinguir– y entonces la Ceremonia, tan modesta:

Damón esculpe todo esto. Y mientras trabaja

sus pensamientos vuelven de vez en cuando

al dinero que va a recibir

del rey de Siracusa:

tres talentos, una gran suma.

Añadiendo esto a que ya tiene,

vivirá anchamente, como hombre rico,

incluso podrá entrar en la política…

que maravillosa idea!:

él también en el Senado, él también en el Agora.

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