Del amor que se atreve a gritar su nombre en la obra de Edison Ariel Montes de Oca: Césped de Chocolate. Anarella Vélez

Del amor que se atreve a gritar su nombre en la obra de Edison Ariel Montes de Oca: Césped de Chocolate

 

Anarella Vélez Osejo

 

Césped de Chocolate, el poemario más recientemente publicado de Ariel, es una obra dividida en tres partes: la primera está dedicada a sus recuerdos familiares, de la niñez y la adolescencia; la segunda hace referencia al amor erótico; la tercera a sus viajes y el modo en que le han marcado, aunque el amor transversaliza toda su propuesta poética.

 

Poesía que sorprende, palabra y verso al servicio del goce,  nos lleva de la mano por ciudades, mares, cielos, desiertos y al amor homoerótico  y nos mueve el piso, el suelo, que en este poemario se nos presenta sembrado de chocolate. Para Montes de Oca hacer  literatura significa hacer uso de la palabra como herramienta y como argumento para expresarnos con honestidad, con libertad, con  irreverencia y con emoción poética,  el amor.

En este poemario Ariel Montes de Oca, reúne textos líricos en los que enuncia los diversos amores por los que él ha sido cautivado. En La vieja Browne negra utiliza el recurso de la memoria –la sombra de la memoria está presente en todos sus versos–  y la fotografía para hablarnos de su madre, Esther Renée:

 

Es un solo cubo negro, rectangular antiguo,

se podría decir de la Brownie vieja.

Sin embargo, hoy te veo Esther Renée,

Danzando nuevamente, desde el mar a la sierra.

Feliz, loca, simplemente eterna.

 

Ariel se nos entrega: nos conduce artísticamente por su propia epistemología, su propia vida, sus pasiones y su sexualidad. Se nos presenta en su devenir, construye su propia arqueología, su identidad, su esencia:

 

Debo decir que muchas veces pierdo el impulso,

el balance orbis mundo,

entre el deseo y el razonamiento.

Ahí solo me queda un espacio inmenso

en que aplico mal matadas brazadas,

alucinados intentos, gorgoteos

de trasnochados arrepentimientos.

 

En esta poesía se pierde el miedo a el escarnio que se impone desde las sociedades censuradoras y de castigo.  En ella encontramos un canto al amor entre iguales, en la cual se rebela ante la idea de que el alma se convierta en la prisión del cuerpo. Se vuelve contra las jerarquías que nos confinan y nos encierran. Se abre a una realidad que hasta ahora ha pasado desapercibida, así, podemos leer en el poema Las palabras que atraviesan los muros:

 

Eran solo palabras,

que no habían atravesado los escudos

destinadas a otros y otras.

Ellas sacuden hoy mis hogueras.

Arden en gritos dispersos,

humos blancos de los oscuros acuerdos.

 

Puto, maricón, bestia endemoniada,

prisionero de nuestros recintos.

 

 

Leo en Césped de chocolate, las genealogías de nuestras tradiciones poéticas y sus respectivas rupturas,  recurso para dar un tratamiento más directo de las delectaciones sensuales y su relación con el poder. Ruptura con los complejos acuerdos sociales que nos rigen para sostener la normalidad que regula todos los aspectos de nuestra sexualidad para desarrollar su propuesta abiertamente homoerótica. Un buen ejemplo es el poema El Poder:

Mortero de gargantas,

    alquimia de rencores.

         Congelaste

              Mi sangre en tirabuzones.

                  Todos ellos agonizan en saltos leves,

                        Cascadas de violetas sensaciones.

                                                                          Mientras,

                        Avanza implacable tu mano,

                     ardorosa simiente.

                 Enroscada por mi columna crestada,

              apagarás en ráfagas,

         de rojos y marmóreos quejidos,

    las luces del pánico,

            las imposibles preguntas,

        de mis encendidas entrañas.

 

El despliegue de la sensualidad a través de la palabra escrita se convierte en una experiencia que podemos compartir a través de la lectura. Poética que va contra corriente del amor heteroerótico que se nos ha impuesto hasta hoy y que al convertirse en discurso escrito pasa a formar parte de nuestra ars erótica y de la historia de la sexualidad misma. Arte erótico que se nos presenta como un bocadillo en el convite que debe ser nuestra vida. Así lo percibo en el poema que da nombre a esta obra:

Césped de Chocolate

Rio de la Plara, césped de chocolate,

duermes furioso

en mi jardín de ocelotes.

Rio de la Plata, espejo brumoso,

abanicas mis tristezas,

soledades en tránsitos,

primaveras de labios que despiertan,

ese verano que regresa.

 

Sensualidad y erotismo bien tratados en este poemario, poesía que toca los entornos sociales necesarios al homoerotismo, presentando el placer de manera intensa,  poesía que nos hace volar, que experimenta sin caer en el porno, poesía para ser disfrutada, poesía que transforma. Gracias Ariel.

 

 

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