Iluminadas o el proyecto de la mujer nueva. Nestor Ulloa

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Ilustración de Rigoberto Paredes Vélez

Iluminadas o el proyecto de la mujer nueva

Nestor Ulloa

En su novela Un soplo de vida,[1] la novelista y periodista brasileña Clarice Lispector, deja surgir unas frases que conforman una circunstancia de confrontación a la otredad y confrontación a sí misma, de la siguiente manera:

Fui trémula a mi encuentro y encontré a una mujer necia que se debate entre las paredes del existir. Rompo las compuertas y me creo a mí misma, nueva. En ese caso puedo encontrarme a mí misma, nueva. En ese caso puedo encontrarme conmigo, en pie de igualdad.

Traigo a colación esta cita, porque me servirá para ir enhebrando hilos, para ir hablando un poco, a manera de reseña, del libro que nos ha convocado esta tarde. La cita lispectoriana, en apariencia sencilla, es en realidad tan profunda como la dejemos llegar a ser; al tiempo que contiene un proyecto de conocimiento y reconocimiento del ser femenino por sí misma y por los demás, también encarna un proceso de subversión del discurso hegemónico patriarcal; y yo me atrevo a decir que iguales pulsaciones se encuentran presente en Iluminadas.

Iluminadas es un gran título, para un libro de poesía como este. Puede que haya quien diga que estoy equivocado y que es hasta pretencioso de mi parte. Yo respondo anticipadamente con los versos que mi paisano Toño Rivas escribió para decir poesía:

Hablar es desnudarse en la palabra,
vivirse en la palabra iluminada,
saberse entre la luz de cada aurora,
y querer ser la luz
y perseguida
hasta llegar al pie de la estatura
del cuerpo del amor…

Mi intención de ninguna manera estriba en efectuar una comparación estilística entre el neobarroco poético de  Rivas y los  cánones contemporáneos a los que se ciñe la poeta Anarella Vélez para construir este poemario, sino procurar decir que la palabra que encontramos en este poemario intenta echar luz sobre una oscuridad histórica, a través de la poesía; y claramente, en nombre del amor, ¿cómo podría ser si no? Y me he detenido un poco en el título del texto, porque creo necesario señalar, desde la obviedad semiótica, que este, además de nombrar adjetivamente a las mujeres que se convierten en sujetos poéticos (o sujetas poéticas como diría la poeta); de la misma forma da vida en el texto a luminosas imágenes que calzan con la idea general del mismo. Y digo lo  obvio: hay en el texto poético una intencionalidad por parte de la autora, en función de rescatar, redimir y visibilizar a la mujer como ser histórico y social, desde el tratamiento poético de algunas famosas y otras no tan famosas mujeres, pero que no por ello dejan de ser importantes.

Retomo la cita de Lispector, para que, diseccionada, me permita hilvanar elucubraciones sobre un discurso presente en este poemario, injertado en los homenajes a las grandes mujeres en la vida de la poeta, con el objetivo de aproximarnos a él, teniendo la cita como como luz y guía.

 

1- “Fui trémula a mi encuentro y encontré a una mujer necia que se debate entre las paredes del existir.”

Como si de una suerte de juego de espejos se tratara, Lispector anuncia un encuentro consigo misma y con una otredad que no le es ajena; encuentro que está claramente establecido en Iluminadas, cuando la poeta nos lanza versos como los siguientes: “Me desnudo ante ti, / como una letanía de mi tierra muerta…” (p. 19). En el caso de la poeta Vélez, el encuentro no se circunscribe al espacio de lo simplemente retórico, sino que da un paso más adelante y nos deja una especie de declaración de intenciones: “ Aquí estoy, paso hacia la nada / al inicio de esta era / que es como un boceto de la muerte…” (p.22). Pero luego de la declaración de intenciones, inmediatamente viene el reconocerse en la circunstancia: “¿No ves que para mí / es extraño este calvario?” (p.22)

Y es que en ese encuentro consigo misma, la voz poética, la mujer poetizada y la autora junto a ellas, se reconocen como esa mujer huyendo de la muerte y representada por Csherezade; pero cuya autoafirmación de mujer necia como la de Lispector, y entendida esta necedad como decisión inclaudicable, las lleva a una y a otras, como a la Csherezade del poema, a romper el silencio y a convertir su canto en tormenta en medio del odio masculino (p.38).

Y esa circunstancia de la que hablaba arriba está íntimamente relacionada con las “paredes del existir” de las que habla Lispector, y que se traducen en  “tierra muerta”, en “boceto de la muerte”, en “calvario”; porque las mujeres poetizadas por Vélez comparten un sino trágico de incomprensión y de haber sido víctimas de la violencia del ninguneo masculino, el cual deben vencer y al cual deben sobreponerse para lograr existir.

 

2- “Rompo las compuertas y me creo a mí misma, nueva.”

Anteriormente hablaba de un proyecto de reconocimiento del ser femenino, por sí misma y por los demás, que conlleva un proyecto de subversión del discurso hegemónico patriarcal, que está presente en la cita de la novelista brasileña, y que es visible en la propuesta poética de Anarella Vélez. Así, no es gratuito el hecho de que el poema dedicado a la figura emblemática que es Simone de Beauvoir, cierre con estos versos:

… hoy agradezco tus sueños transgresores

que me desgarran,

contigo rompo los atávicos lazos del pasado,

y le pongo cabellos luminosos al futuro.

 

Pero proyecto y proceso son dolorosos, como ya nos hemos dado cuenta, y al mismo tiempo encarnan pasión y decisión. Ya lo dice la poeta en el poema titulado “Signo perfecto en la piedra”: “Yo soy la tinta que escribe, / a pesar de mí misma, la tragedia.” (p. 60).

De la misma forma existe el convencimiento de que la lucha emprendida por llegar a buen término el proyecto de subversión, no siempre produce los frutos deseados. Esto es evidente en el poema dedicado a Edith, la mujer de Lot, quien desafiando la orden celestial, mira hacia atrás; gesto este que no se presenta como producto de la simple curiosidad que la cultura patriarcal ha atribuido a las mujeres como característica distintiva, sino que con él intenta dejar su marca de mujer frente a la intolerancia de un dios y una sociedad heteropatriarcal a ultranza, ante lo que no es más que una construcción social ficticia y arquetípica, como lo son los géneros, las identidades y las orientaciones sexuales.

Y la lucha es de todas las mujeres, pues todas las mujeres deben crearse nuevas, desde todos los ángulos posibles, incluidos el goce de su sensualidad, erotismo y sexualidad propias, que por siglos ha sido coto de caza y propiedad exclusiva de la otredad masculina. De hecho, en “Sustancia contenida”, el poema dedicado a Virginia Wolf es palpable ese llamamiento: “La mujer, pecho contra pecho, centro del poema, / preguntas y respuestas en danza al vuelo, / preguntas y respuestas, cadera contra cadera…”  Porque las preguntas equivalen a una reinterpretación del mundo y sus relaciones sociales, y las respuestas equivalen a una refundación del mismo; todo ello desde un cuerpo de mujer nueva.

 

3- En ese caso puedo encontrarme a mí misma, nueva. En ese caso puedo encontrarme conmigo, en pie de igualdad.

Lispector anuncia el nacimiento de una mujer nueva, de una mujer que es capaz de sobreponerse  a las barbaries y encontrarse en sí misma y en el otro o la otra. Esta mujer nueva tiene sus raíces en las ancestras, las que van dibujando con su vida el perfil requerido. Así, Josefa Lastiri, la compañera de Morazán, que ha sido ninguneada por la historia, pero que puso vida y fortuna  a la orden de las ideas unionistas del prócer es ensalsada y descrita de la siguiente manera: “En tus noches de vigilia, / cimentas la matria, / de norte a sur, / para ti el amor y la lucha son lo mismo…” y así se van sucediendo las pinceladas que a partir de las muchas mujeres homenajeadas en este poemario, llámense Safo, Coatlicue, Penélope, Csherezade o Berta Cáceres, van elaborando, ya no un “boceto de la muerte” si no un boceto de la vida desde el nombrar el mundo a través de los ojos de esta mujer nueva.  Pero esta mujer nueva no ha sido concebida para ver pasar la historia desde la orilla del camino; ha sido proyectada desde el inicio, para que ese proceso de subversión del que hablábamos al inicio, desemboque, ya no en sujetos sociales diferenciados, sino en sujetos sociales en igualdad; así la poeta propone “…en cada mujer un hombre… un hombre en cada mujer…”; lo que, lejos de entrañar una apología basada en la teoría queer, más bien entraña la necesidad de igualdad entre humanos.

 

 

Concluyendo, digo que Iluminadas es una visión poética que se regodea con el código histórico, tanto el oficial como el oculto, el negado, para, desde la exaltación de un grupo de mujeres que son señeras en la lucha por los derechos de la mujer y por la propia libertad de ser, cuándo, dónde, cómo y con quién quieran; intercala o injerta en ese discurso alabatorio los códigos de un proyecto que intenta construir una mujer nueva, a través de un proceso subversivo y contrahegemónico, frente a la oficialidad del sistema heteropatriarcal imperante desde hace siglos.

¡Bienvenida la poesía!

[1] Lispector, Clarice. 1999. Un soplo de vida, pulsaciones. Madrid: Siruela.

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