Rigoberto Paredes (1948-2015)

Rigoberto, Roberto Sosa, Roberto Castillo y Hernan Antonio Bermúdez

Rigoberto Paredes, Roberto Castillo y Hernán Antonio Bermúdez, co fundadores de Editorial Guaymuras,  con quienes  emprendió diversos proyectos culturales, como la fundación de la Revista Alcaraván, Revista Galatea y otras. En aquella ocasión  recibieron al poeta  Roberto Sosa, 1981, en su calidad de Consejo Editor de la Revista Alcaraván.

rigoberto, 1987

En el antiguo local de Café Paradiso, 1987, Ave. Miguel Barahona, Entre 12 y trece calles, tras la inauguración de éste emblemático espacio en donde la cultura y usted hacen buena compañía… con sus amigos Rafael Rivera, Armando García, el Dr. Padilla, Juan Domingo Torres, José Adán Castelar, Helen Umaña, José Luis Quesada.

Rigoberto Paredes (Trinidad, Santa Bárbara,  Honduras, 26 de abril de 1948 – Tegucigalpa, Honduras, 9 de marzo de 2015). Hijo de Mercedes Fernández Fajardo y Antonio Paredes Regalado. Contrajo matrimonio con la historiadora hondureña Anarella Vélez Osejo el 12 de diciembre de  1986, con quien procreó dos hijos: Rigoberto Andrés y Fernando Antonio Paredes Vélez. 

Poeta, ensayista y editor, Rigoberto es una de las voces más representativas de la poesía escrita en Honduras a partir de la segunda mitad del siglo XX.  Perteneció a los grupos literarios: Tauanka de Tegucigalpa y Punto Rojo de Colombia. El tesonero trabajo de Paredes  es reconocido en su país, en donde fue galardonado con el premio   It-zamná de Literatura, otorgado en 1983 por la escuela Nacional de Bellas Artes  y el Premio Nacional de Literatura Juan Ramón Molina (2006). Finalista en los Certámenes internacionales de poesía de Casa de Las Américas (Cuba), EDUCA (Centroamérica) y Plural (México). 

Ha sido co fundador de los  proyectos editoriales: Editorial Guaymuras, Editores Unidos y Ediciones Librería Paradiso, así como de las revistas Alcaraván, Paradiso,  Imaginaria, Astrolabio y Galatea. Así mismo, participó en la fundación de los periódicos Letra Libre, La Nueva República y Vamos Pueblo. 

Obras publicadas: En el Lugar de los hechos (1974); Las cosas por su nombre (1978); Materia prima (1987)Fuego lento (1989)La estación perdida (2002); Obra y Gracia (2006); Segunda Mano (2011),  Lengua Adversa (2012),  Partituras para cello y caramba (2013), Irreverencias y Reverencias (2014).  Es coautor, junto con Roberto Armijo, de la antología Poesía contemporánea de Centroamérica, publicada en Barcelona. 

Leal a su compromiso con la poesía, participó en recitales personales y colectivos, organizados, muchos de ellos, en el contexto de festivales, en Honduras, Madrid, Francia,  Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Estados Unido de América, México, Colombia, Argentina, Chile, y  otros países del mundo.

Paredes estableció,  siendo aun muy joven, relaciones entrañables con los poetas de la región centroamericana, particularmente con Roberto Armijo, como lo muestra su estancia en París en 1980, periodo durante el cual prepararon la Antología de Poesía Contemporánea de Centroamérica.

La extensa creación de Paredes transita por temas, metáforas y ritmos que muestran su profunda identidad con la tradición poética de América Latina. El eje semántico que domina su poesía es la ironía. Ironiza el amor, la muerte, el desamor, la soledad y la poesía misma.

Irreverencias y Reverencias confirma a Rigoberto Paredes como la primera figura de la escena literaria hondureña pos moderna, poesía que tiene el efecto conmovedor de una marejada en proceloso mar. Poesía de ruptura con la retórica que nos aleja de la substancia y de la verdad, poesía que expresa su lealtad con la vida.

Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, italiano y portugués.

Con el poemario  IRREVERENCIAS Y REVERENCIAS Rigoberto Paredes alcanza cuatro décadas de trabajo literario, serio y creativo, lapso en las que recoge la herencia de sus antecesores y logra una voz de extraordinaria factura, y nos encara con el escritor que ejerció permanentemente el oficio de poeta, cuyas imágenes de la vida, del amor, del dolor, de la poesía misma. están tomadas de la realidad y la literatura, en una relación esencial, vital, en la que resignifica la experiencia. 

CONJURO

 

Poesía,

no me dejes decir

lo que después yo tenga

que borrar, arrepentido.

Que nunca ponga en boca

de metal indeleble

lo que el más leve viento

dispersar podría a ras de página.

Que pueda yo nombrarte

sin esa amarga tinta del remordimiento,

dura, vieja condena de poetas penantes.

Y hazme reír, poesía, de mi mismo y de ti,

de todo cuanto luzca recato y compostura.

Sálvame de las frentes lustrosas y altaneras,

y descreído vuélveme

del que a tu puerta toca

desesperadamente,  lunático de sí, poesía,

candorosa  divisa de los faltos de ti.

Canta, poesía,  canta, en mi pecho grita

y por tu gracia vuélvase mi verbo

invicto puño y letra invicta ante el espanto;

no aullante, no inocente, nunca en fuga.

En tu nombre, poesía,

has de verme resistir por la herida.

El poeta Rigoberto Paredes nos ha legado dos poemarios inéditos Nada que valga pena  y Obra Póstuma

De Nada que Valga la pena:

MUDANZAS

Qué se pierde cuando pierdes el tren

que tanto esperaste

en la estación equivocada.

Si acaso, ese ramo de lilas que llevabas

a la tumba de tu madre.

Mañana será otra lila, bella durmiente,

la que habrás de lucir en tu chalina roja.

Y temprano vendré a despertarte

para juntos cortar florecillas de abril.

Hace tiempo lloraste por un muerto

y no olvido esa vez.

¿Quién se muere cuando uno muere?

Mejor canta, señora, canta,

yo alumbraré tu voz con mi sonaja maya.

Ahora que no ves, que duermes día y noche

y no hablas, no oyes,

conmigo, madre mía, escucha,

el silencio escucha y su música insepulta.

Y cante yo, te cante tu ángel

de Jericó, la cananea.

RISAS

Por objeto de risa te tomaron

sin saber vos por qué

y en tus narices burla y agravio

repartían los pendejos

mientras te señalaban como a bicho insano.

Y de tal manera se doblaban,

las manos tamboreando en sus barrigas

como orangutanes en celo,

que de bruces caían sin cesar de reir.

Distinguida es la risa en boca de algún loco

prestigiosa se vuelve, sin par

cuando razón nos da de vivir como nos dé la gana.

Qué diera el triste

por salvar esa caída a carcajadas.

Y el condenado a muerte

en quién hallar podría una sonrisa en fuga

como la del diablillo Achís

bajo el ojo en volandas del cabalista Bâhr.

Risas hay muchas,

unas de buena y otras de mala leche,

la del tonto, la del clown, la del loco

la risa del dormido y la del trasnochado.

Muchas, muchas,

pero ninguna

como la risa chillona de una calavera.

PEOR QUE TODOS

 Yo traicioné ese sacro lugar que me fuera fijado,

pero gané, yo el peor de todos,

yo, vencedor de tirios y troyanos

que juntaron poder y maledicencia en contra mía.

Impío fui esas veces como los dioses del mal

y di a beber pócimas letales al sediento

y sobras de vieja hiena a quien pedía bocado.

Cobardes todos, que puertas al campo levantaron

para dejarme a solas, a mí solo, ciego de amor,

vuelto un demente

abandonado en las orillas del río de Heráclito.

Lejos, apartado ahora de ese tiempo de matanzas,

veo empozada la sangre en los ojos de mis muertos

y crece mi dolor, crece por ellos.

¿Quién, por qué querrían ser

peor que yo,

el infame, el maligno, el peor que todos?

 

EL AMIGO POETA

El amigo poeta

llegó a Paradiso a preguntar por mí.

Me dejó en buenas manos

un ramo de sus versos

frescos y olorosos a ese mar donde vive;

destellos de ira eran con nombres y apellidos

de este país confuso, ambiguo hasta en sus alcobas.

Viaje de ida y vuelta el mismo día

fue como siempre el suyo

y manera no hay de apartarlo más tiempo

del ojo al Cristo de Zoila.

Quien no lo vio esa vez

no lo verá por largos meses,

porque el amigo poeta

cuida de pacientes y sirenas, seres muy dados

a morirse de amor en las madrugadas.

Yo fui a verlo un domingo

a bordo de un tractor del poeta Quesada

y allí estaba el nacido en Coyoles Central,

cantando, a voz en cuello, Oh sole mío

bajo aquel solazo de abril

que hacía reverberar la piel de las ceibeñas.

Tiempo sin vernos, años, lo suficiente, digo,

para que la amistad se vuelva

llama imborrable, prendida en la memoria.

Tras el sentido fallecimiento de Rigoberto Paredes, el poeta Rolando Kattan escribió :

¿Por qué no murió un astro?

Rolando Kattan

El pasado trece de febrero, en Café Paradiso, el poeta Rigoberto Paredes presentaba su último poemario: “Irreverencias y reverencias” supe del poeta, que este libro era uno de los tres libros de poesía inéditos, y que los otros dos los titularía: “Nada que valga pena” y “Obra Póstuma” (riéndose, me decía: “Obra Póstuma” es un título para muertos, pero yo lo quiero titular así.

Hoy, unos días después de ese encuentro y de luchar una semana, tan ardua y tan larga, como la primera del Génesis, Rigoberto expiró. Y por él, de quien aprendí a rezar con los poemas, ¡Dios!: ¿Por qué no murió un astro?como lo escribió Molina, es porque acaso, como lo reveló Vallejo ¡tú no tienes Marías que se van!

La causa de su muerte, la misma de los santos, sentarse a conversar en el monte, y como un río interminable, conversar, sí, conversar a corriente tendida, nadie había leído tanta poesía en este país y si me equivoco (que no creo), nadie tan memorioso como él, y si me equivoco (que no lo creo), nadie tan generoso, nadie más hizo de su sabiduría un árbol de frutas, ramificado siempre a la casa vecina.

Publicó la mitad de su obra en los últimos diez años, estaba tan lleno de poesía, de vida. Ignoro (porque me duele decir “sé”) que Honduras no sabe cuánto ha perdido. Hoy no ha muerto un poeta consagrado, sentado en sus laureles, no, murió nuestro poeta y murió escribiendo. El discurso no es ese, “que nos quedan sus libros” no, perdimos al poeta, y nuestro futuro queda maltrecho, siempre maltrecho, lo que no dijo Molina, lo que no dijo Domínguez, lo que no dijo Merren, lo que no dijo Bulnes, lo que ya no dijo Rigoberto, no lo dirá nadie y lo necesitábamos.

Rigoberto Paredes: el tótem poético como un diente de león.

Fabricio Estrada.

Ninguno de los consejos de Rigo era en vano. Todo árbol sabe hasta dónde alcanza su sombra y cuántos pájaros pueden llegar a él con sonidos nuevos y cuántos, también, son simple graznido temporal que picotea los frutos del silencio para luego desperdiciarlo todo.

Sabía, Rigoberto, cultivar sombras y nunca dejó de hacerlo. Ese árbol inmenso había encontrado la fórmula para desatar sus raíces y atravesar continentes hablando tan despacio como preciso. “Debemos atacar el provincianismo –me decía-, no dejar que sea la nostalgia quien mate a la evocación poética, porque ¡ojo, viejito! Que evocación y nostalgia no son lo mismo.

Los poetas Óscar Acosta y Rigoberto Paredes, abril del 2012. Foto: Fabricio Estrada.

Era 1993 cuando me acerqué a él junto a la bandada que movía al taller de poesía Casa Tomada; Paradiso era frecuentado por lo más selecto de la intelectualidad con aquella música de fondo inconfundible traída desde los rincones más lejanos del auto-exilio ilustrado. Los años ochentas amenazaron con desaparecer hasta los versos y habían dispersado a muchos y a muchas fuera del país y, aquellos eran los días del regreso al estruendoso hastío de Tegucigalpa. Rigo y Anarella regresaban de México, de Colombia, de Francia, de España, qué sé yo, pero saberlo nos imponía cierta condición de peregrinaje al lugar de los poetas, el Paradiso noventero cuya mística orquestaba Rigo para celebrar –oficiar, dirían los perversos- la palabra.

Y la palabra comenzaba en Catulo, Propercio y Marcial para luego subir por los andamios de Las tristes de Ovidio, Montale y el templo jamás saqueado de Rubén Darío (alguien, menos sensible, robó el pequeño busto de Darío de la barra de Paradiso pero Rigo siguió anclado escuchando las lecturas y presentaciones desde ahí mismo, clínico, tan dariano como experto en descalabros lingüísticos que había que señalar sí o sí). “Poeta, tú que tienes la luz, dime la mía” preguntaba Rigo al verme así como luego lo seguiría haciendo, casi como un tantra, en la última serie de poemarios publicados por Ediciones Paradiso. Porque Rigo tenía una idea clara que le servía de indagación: “No soy yo ¿quién soy yo? Es la poesía y su luz y eso hay que respetarlo, hay que elevarnos del trágico provincianismo para ir hacia ese mundo que no tiene fronteras pero que exige tanto habitarlo”.

De manera invariable eso fue lo que aprendí a ver en él. Su nombre ya era ceiba crecida pero nunca lo esgrimía para apabullar a nadie. No lo necesitaba. Era Rigo el arte de contenerse. Ni una discusión excesiva ni un lenguaje corporal abundante. Eso sí, su poesía era implacable como inclaudicable, fue su resistencia a ultranza cuando la avalancha de los malos y odiosos discursos se le venían encima. En nadie se reunía mejor tanta risa contenida.

Viaje tras viaje, paisajes dejados atrás, carontes evadidos, imbéciles ignorados, Rigo avanzaba sin prisas pero guardaba, delicadamente organizado, el tótem poético como un diente de león para el soplo de sus últimos años. De su resguardo, vimos salir poemario tras poemario como polen prístino entre doradas luces y luengas barbas de profeta. “Si querés me callo” nos decía con ironía socarrona al haber entregado un libro más entre tanto poeta joven cuidadoso de no publicar. Aquella risa podía venirle fáunica y transparentaba, ante ojos precavidos, el ambiente de una fonda quevedana en burla permanente a Lope de Vega. ¿Quién era el Lope de Vega de turno? Eso queda bajo los cuidados de los pájaros más fieles y de su querida musita Anarella.

Recuerdo una tarde en especial, la tarde en que la piscina de Juayua, El Salvador, nos dio las horas suficientes para hablar y reírnos en absoluto territorio neutral. Era el último festival internacional que compartíamos. El volcán de Izalco se perfilaba tan antiguo como el Rigoberto Paredes que ahí hablaba. No necesitaba testigos para ser. Flotando en la pequeña alberca, yo apenas era un niño escuchándolo. Habló de Keats, de Emely Dickinson, de Lezama Lima, de Blanca Varela, Seferis, Elytis… y algo me decía que, como Funes el memorioso, Rigoberto estaba fijando puntos en mi caos. La tarde se suspendía como las sábanas blancas en el patio engramado y, junto a los poetas Roberto Arizmendi y Ricardo Ballón  escuchábamos, una escena que Fellini jamás rodó y que ahora proyecto en las cortinas que la lluvia deja en Puerto Rico.

¿Se encuentra muy mal? Le pregunté a Anarella en la sala de emergencia mientras los doctores creaban su sortilegio alrededor de un Rigo que soñaba estentóreamente entre tubos, pequeñas pantallas y pitidos de una selva blanca. Anarella me vio. Ahí adentro llovía. El hospital entero llovía como aquella tarde en que los tres nos sumamos al pueblo para rescatar las urnas que habían sido confinadas en la base aérea Hernán Acosta Mejía. Ella lo llevaba del brazo y él iba calculando el odio de los soldados que nos miraban entrar al mar partido en dos. “Fabri –me dijo-, una cosa debés saber: hay que ser inclaudicable”. La lluvia se hizo violenta y los soldados ya estaban aburrido de contar a aquellas empecinadas hormigas que trasegaban una urna tras otra para devolverlas a las calles, a la expectativa del 28 de junio que se aproximaba. Rigo se recuperaba entonces de un mes muy difícil en convalecencia, pero eso no le impidió estar ahí para desconcierto de los fieros soldados que se preguntaban quién era ese profeta sefardí que se abría camino entre sus dientes afilados.

“Rigoberto está muy grave”, me respondió Anarella mientras al fondo los doctores intentaban estabilizar al poeta. Y ahí la vi a ella, completamente cerca, de nuevo sosteniendo con brazos invisibles al poeta que tanta tierra cruzó para regresar siempre a ella. “Oime, musita, este pueblo está dolido”, alcancé a escucharle a Rigo mientras seguíamos adentrándonos a los lluviosos vestíbulos del golpe de Estado. “¿Por qué no desear un país que no duela?”, escribiría luego y así llegaron a mí esas palabras, en un rincón donde el mar desmenuzaba a la isla verde y la noticia de su muerte me desplomaba. “Tenele cuidado a Tegucigalpa, Fabri, Monterroso te lo puede decir mejor”, “levántate lo más temprano a leer y a escribir porque la poesía no espera”, “tenele cuidado al converso ¡ay del converso!, es el más terrible”.

El mar no era un árbol y recuerdo bien el desdén con que Rigo lo vio por última vez en Acajutla, muy parecido a ese gesto inescrutable que hizo en Trinidad al ver las elevaciones del cementerio. La muerte y sus formas, la muerte y sus aspavientos de eternidad le daban igual. El quería regresar lo más pronto a casa para escribir y leer sin marejadas ni lápidas demasiado pesadas. Él quería saber con cuántos versos exactos se podía derrotar al océano y con cuántos poetas podía contar para hablar de poesía; porque las cosas hay que decirlas por su nombre, a fuego lento y entre flamas de helechos, pero decirlas, aunque ya comenzara a fastidiar eso de ir dando refugio a los pájaros que ni son bellos ni cantan y que sólo saben volar, sin destino, sin pasado.

Fabricio Estrada

Fajardo, Puerto Rico

13 de marzo del 2015, Ab urbe conditae.

     VUELVA RIGOBERTO PAREDES

                   Hernán Antonio Bermúdez

Las generaciones se suceden a un ritmo pasmoso en la alta mar de la vida, y aún a mayor velocidad en el pequeño y burbujeante remanso del cuadrángulo”.

Robert Louis Stevenson

Para Rigoberto Paredes los libros eran el remedio infalible contra todos los males, y tenían la capacidad de otorgar placer y de darle mayor significación a la vida.

El sabía, como pocos, escoger el tono adecuado y el vocablo justo, y eso que legiones de palabras acudían a su conjuro, y decenas de giros idiomáticos se disputaban a la vez el chance (léase el privilegio) de ser seleccionados por el poeta. Por supuesto, sólo Rigoberto sabía preparar la cocción verbal susceptible de crear “el perfecto esplendor de la poesía”(1).

En ese menester recurría –como siempre- a su imaginación y a su memoria, que son dones que no se desgastan con el uso. Tras prestar sus servicios en tantos poemarios, las soleadas imágenes del pasado (remoto y reciente) brillan aún en la pupila de la mente, sin borraduras ni tintes descorridos.

Se ha ido del todo, pues, el poeta mordaz y socarrón que, además, gustaba del juego y del humor sedicioso. Su quehacer literario es modelo de rigor y perseverancia, de brillantez no exenta en ocasiones de una amarga melancolía.

Sin embargo, las chispas creativas con las que consiguió verbalizar su vida interior y sus entrevisiones (de la dura Honduras), y que tanto alumbraron nuestra poesía, “llevan dentro de sí – al decir del poeta Mark Strand- el deseo de ser relevadas del peso de la brillantez”.

Rigoberto Paredes quizá se sienta ahora aliviado de esa carga, pero sus amigos y lectores estamos de luto, “porque sin él la tierra es otra”(2).

Tegucigalpa, 9 de marzo del 2015

(1) Irreverencias y reverencias, p. 15

(2) Idem. p. 31

Rigoberto 1991Durante la reapertura de la Librería y Galería de Arte Paradiso, en 1991

FER, PENNY, MAMA Y PAPA11 de noviembre de 2010, celebrando el cumpleaños de Fernando Antonio, con Penny y Anarella.

Rigoberto Andres y RigobertoRigoberto y Rigoberto Andrés, enero de 2014

2014-09-06 12.47.12

Durante la visita a la tumba de Francisco Morazán en San Salvador, El Salvador, 2014

rigoberto paredes 1

Con Rubén Izaguirre, en su programa de televisión, 2011

Rigoberto y Alejandra

Rigoberto Paredes con la escritora Alejandra Munguía, 2014

Rigoberto, Edgar, Fanny, Anarella

Rigoberto Paredes, con las/os historiadoras/es Edgar Soriano, Anarella Vélez Osejo, Jorge Amaya y Fanny Durón.

la obra de Rigoberto

Xiomara Castro en el sepelio del Poeta Rigoberto Paredes

Xiomara Castro Sarmiento de Zelaya realiza la lectura y entrega el acuerdo de duelo de LIBRE durante el funeral del poeta Rigoberto Paredes.

Sepelio 1

Sepelio 2

Sepelio 4

Sepelio 5

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAdjundo diferentes muestras de pesar demostradas durante las exequias del poeta Paredes:

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

IMG_2095

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERA

Contra el lunes

IMG_2092

Ver:   https://www.youtube.com/watch?v=O1VsaA4wrNY   Elogio a la Gordura, lectura en el Festival de Medellín

https://www.youtube.com/watch?v=1I8CzdALsHQ   Letra para un Himno, Lectura en Café Paradiso, editado          gracias a la labor de PLAN y  Fundación Lupin.

https://www.youtube.com/watch?v=tp0aaOlhk2I, Presentación de la obra Partituras para Cello y Caramba

 

Artículos publicados en memoria de Rigoberto Paredes:

Domingo, 15 Marzo 2015 23:36

DIALÈCTICA: Requiem para un amigo

Fèlix Cesario

A: Rigo, por siempre.

El pasado 10 de marzo le dieron terraje al  POETA Rigoberto Paredes. Yo lo amaba como mi único amigo de los tres que tengo en este mundo; lo estimaba como a un hermano, fue más que eso conmigo y quizá  mejor que mis hermanos biológicos, me dio el cariño y la fraternidad necesaria para estimarlo y cuidar su fraternidad desinteresada; fue mi compañero en las buenas y en las malas, en los malos y tristes momentos siempre encontré en Rigo el amparo y el aliento para seguir viviendo. Yo lo amaba mucho, por estas tres cualidades que les digo.

Con Rigoberto Paredes nos conocimos allá por 1965, como a las 7:30 de una noche de Noviembre en lo que un día fue la cafetería y restaurante Mc artur, frente a los ya desaparecidos cinemas Palace y Lido, en pleno centro de Tegucigalpa. Nos presentó el ya desaparecido poeta Roberto Sosa; la presentación fue un poco violenta y jocosa. Cuando me presenté y le dije “fulano de tal para servirle”,  él se incorporó, en casi sus dos metros de estatura, y me grito ¡te voy a matar! Solo me alcanzó a decirle que donde quisiera  y seguidamente desenfunde mi 38 que andaba camisiada, se la puse y me dijo ¡No jodas, te quiero cabrón! supe que estábamos en la misma locura de la literatura.

Después del abrazo fraterno, desde ese día hasta siempre surgió la hermandad, amistad a prueba de todo. Recuerdo las parrandas que nunca terminamos, más de alguna vez lloramos por esperanzas e ilusiones que nos orillaron a la desesperación y superadas las crisis, nos refugiábamos en locuras como la hora del muerto que consistía en que compramos un ataúd de madera rústica y lo pintamos de negro y cada viernes, a uno de nosotros nos tocaba hacernos el muerto mientras que todos los demás poetas lloraban y brindaban por el poeta muerto (hasta lloronas contratábamos para que fuera más real el dolor). Los parroquianos del quijote, de José Gonzales las primeras veces nos miraban con temeroso asombro, después se volvió una atracción de buena clientela para esta cafetería, ahí por el Barrio La Concordia, en esta ciudad.

Muchos años ganados al tiempo me bastaron para conocer al Rigo como un poeta y amante de difundir la cultura. Fundó dos o tres revistas, la de más duración fue Alcaraván, de sus libros publicados me quedo con En el lugar de los hechos y Las cosas por su nombre. Su mejor poema es definitivamente su amistad segura, amistad a prueba de FUEGO LENTO, otro de sus libros.

La cafetería y editorial PARADISO, ubicada ahí por el arbolito del Barrio la Plazuela, fue un sueño que planificamos como un ideal en la cafetería Metropolitana. Pero que los intelectuales y los viejos -y dogmáticos- miembros del Partido Comunista de Honduras, como fieles tertulianos, la bautizaron como la cafetería del Italiano, ya que don toño era oriundo de no sé qué parte de Italia. En esa cafetería se escribieron los mejores poemas allá por los años 80s; y los viejos comunistas hicieron sus aburguesadas revoluciones a punta de Dialéctica.

Hoy ha muerto el poeta Rigoberto Paredes (seguirá muriendo hasta que me deje de doler) y por cobardía no asistí, el sabia de mi pavor a los adioses y de mi miedo espantoso  a la palabra “hasta luego”.  Pero si fui a ver su cadáver, me costó muchas lágrimas. Lo vi en un ataúd quieto—por primera vez quieto- y ya no era la locura de la hora del duelo, allá en el Quijote,  de la Concordia, era el momento de tu partida. Puse 5 flores amarillas y una roja sobre tu féretro Rigo y salí a la calle de la furia. Menos mal que nos dijimos en vida cuanto nos amábamos amigo, compañero y hermano. Que la tierra te sea leve, mientras yo me quedo En el Lugar de los hechos.

 

Lunes, 23 Marzo 2015 23:37

Compañero poeta

Por: Milton Jiménez puerto
A lo mejor, hombre al fin las espaldas ungidas, del añil misericordia, a lo mejor me digo, mas allá no hay nada.

Cesar Vallejo
A lo mejor poeta mas allá no hay nada, tú lo sabes ahora compañero Poeta Paredes; a lo mejor lo que había, valía la pena.

Atrás quedaron tantos recuerdos y vivencias, los juegos infantiles y las angustias trinitecas. Las esperanzas de aquel niño que comienza su huida sin retorno de aquel “Guetto” “causi judeo-cristiano” y comienza a avistar las luces citadinas y comienza conocer el horror, una forma del  horror., los estudios primerizos, las distintas formas  de la vida Poeta Rigoberto Paredes, comienzan a ser parte de tu cotidianeidad.

“el cumplimiento del beber” y del deber se  vuelven dos hermanos siameses. Nuevos amigos, recién estrenadas amantes, van apareciendo como imágenes difusas, sólo la más grande de esas amantes, la más querida de todas, permanece: La Poesía.

Comienza tu periplo por la vida, Tegucigalpa, San José, Guatemala, Bogotá; Barcelona; Paris, México ancestral, incursiones en La Habana, en fin, tantos países, ciudades que te tocó recorrer Poeta, de buena o mala gana.

Estudios de pizarras y estudios de la vida empiezan a sucederse y, por supuesto se cruzan muchas, muchísimas aduanas literarias hasta adquirir tu bien ganada, tu bien merecida licencia poética
Idas y vueltas a este mercado que es Honduras en donde no hay nada que comprar y tú, Poeta, no estuviste dispuesto a vender nada, menos aun tu conciencia. Se inician nuevos proyectos estables y literarios, la familia algunos hijos, tu ya famoso y legendario PARADISO Lezamaniano, Miltoniano.

Tus hermanos cercanos y lejanos, tu “piel de Armijo” en París, tu hermano mayor (por la edad y el cariño) José Adán, tus amigos de siempre y tus nuevos amigos, toda la fauna que te rodeo: un tigre Padilla llamado bíblicamente Ezequiel uno que otro Oso Guardiola, la reciedumbre de un Filander, el inefable bolso de un Juan Domingo.

En fin como diría el gran Poeta Paz, tus excursiones e incursiones.

Llamar a las cosas por su nombre, convocar noche a noche, día a día la musa de la Poesía, era lo tuyo hermano Poeta, también lo era “libar asperezas”, si, las libaciones libertarias y a veces (muy pocas, opresivas).

Hoy amigo y compañero Poeta Paredes vienen a mi memoria algunos de los seres reales y fantasmagóricos que te acompañaron en tus días y tus noches de insomnio: Fernando, Rigoberto Adres, Iroshka, Roberto o mejor aun tus “Robertos”, alguna Beata, tu siempre e inolvidable Stephani, La “Musita”, el Adán con muchas Evas, Rolandos sin canciones, Guillermo, Tito, Patricia, el Abogado Flores, el famoso “Jata”, la mesa en la que algún día compartiste con Víctor, el Rivera de la última frontera es el mar( o el bar), Pompeyo, tus amigos siempre presentes o ausentes: Tony, Eduardo, Saulo, López “Abuelo”, Dino, en fin pintores, escritores, teatristas y,por supuesto tus famosos misiles “Vodkianos”.

Tus convicciones políticas y humanas. Tu intolerancia hacia la mala escritura, pero sobre todo querido Poeta, tu gusto exquisito por la gran literatura, por la inmensa vastedad de la gran literatura, tus Borges, tu Vallejo, Montale, Ungaretti, Seferides, Safo, Paz, Roque, tus relaciones conflictivas con Vargas Llosa.

Si, gran Poeta, tú no escribiste sobre muros, tú derribaste muros; sí, rompiste los muros anquilosados de la poesía provinciana.

Y fuiste, gran bardo, ante todo un amigo, un maestro, un luchador contra molinos de viento, y a veces  contra el viento.

Adiós hermano del alma, Honduras, la poesía, la literatura pesan menos sin ti. Hasta siempre comandante de la poesía,  de la gran literatura.

Viernes, 24 Abril 2015 23:14

Rigoberto Paredes: El compromiso pensante de un humano

Edgar Soriano Ortiz

Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
Máster en Historia del mundo iberoamericano por la Universidad Jaume I (España)
Gestor cultural, profesor de teatro e historia y consultor

Se puede hablar tanto de Rigoberto Paredes (1948-2015) pero es difícil poder reconstruir cada momento de sus etapas intelectuales en una nación marcada por la compleja marginalidad. Trataré de esbozar en base a conversaciones que tuve con él y lecturas del trabajo de creación y gestión cultural de este hondureño comprometido en la construcción de espacios de creación artística y debate cultural.

En la década de 1960 al llegar de su pequeño pueblo natal (Trinidad, Santa Bárbara) a la capital y al viajar el extranjero a estudiar el joven Rigoberto conoció de cerca el impulso de las ideas que promulgaban una revolución internacional y la contraparte represiva y “nacionalista” que demandaba la vieja tradición liberal decimonónica. Por ello perteneció a varios grupos de reflexión con el compromiso de aprender y contribuir a forjar la necesidad de expresión humana.

En la década de 1970 Rigoberto comenzó a publicar su obra y a participar en círculos artísticos convocantes a desmontar el “costumbrismo colonial” por la construcción de lenguajes abiertos a repensar nuestra realidad. Su intervención activa en el “Taller de la Merced” donde compartía criterios y debatían ideas junto a teatristas, pintores y escritores le propiciaron su participación con editor de varias revistas. Sus obras “En el lugar de los hechos” (1974) y “Las cosas por su nombre” (1978) marcaban su paso a la transformación literaria de su generación.

La década de 1980 significó una difícil etapa para las personas dedicadas como Rigoberto a la tarea del libre pensamiento, en 1979 –año de la revolución sandinista- junto a otros intelectuales como Hernán Antonio Bermúdez y Roberto Castillo editaron la revista “Alcaraván” con la colaboración de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) propuesta que dialogaba con contenidos sobre el arte y la cultura universal, y debatía con las ideas políticas en un contexto de represión ante la aplicación de la “doctrina de seguridad nacional” implementada por el Estado hondureño y auspiciada por Washington. En esta etapa encontramos a un Rigoberto Paredes con mucha madurez cultural y en su obra literaria un lenguaje estéticamente elaborado con imágenes profundas que muestran la creación de un poeta que edifica hacia futuro una construcción poética, tal como lo discernimos en obras “Materia prima” (1987) o “Fuego Lento” (1989).

Entre la década de 1990 y la década de 2010 Paredes funda nuevos espacios donde los fusiles de la represión no tienen la capacidad de detenerlos, en 1989 junto a su esposa, la historiadora Anarella Vélez, aperturan “Café Paradiso” y funda nuevos proyectos editoriales. En los últimos años de su vida física se dedicó a compartir con nuevas generaciones de jóvenes escritores y escritoras con su característica humildad y fino humor, en una fluida interacción de memoria y retos para la búsqueda de nuevos lenguajes que nos encaminen hacia la esencia humana frente al avasallador sistema económico que somete a una peligrosa esclavitud forzada y a la vez voluntaria, como lo argumenta Durand.

Paredes conversó entre “irreverencias” y “reverencias” en igualdad de condiciones con amigos intelectuales preocupados por la vida y por la búsqueda de una colectividad igualitaria. Sus numerosas obras finales confirman su trayectoria llena de búsquedas con puntadas de sastre que lo exponen como uno de los ciudadanos valiosos de la Honduras desgarrada por la historia…

Domingo, 03 Mayo 2015 23:20

Que triste, mañana ya no estaré con Rigo en su paradiso

Marco Tulio Del Arca

Si muero, no moriré del todo.
Salvador Dalí.          

Nos conocimos en algún lugar  donde los puentes de la poesía nos unieron para siempre. Ambos nacidos en pueblos diferentes pero iguales .Desde aquel difícil espacio  nos enfocamos  en un constante desvelo por el cuidado  y la admiración  al verso. Rigo Paredes  se nos adelantó  en el viaje  de todos, un nueve de  marzo del presente  año.  Era un hombre relativamente  joven. Aún tenía muchas tareas que  hacer, aun  regañaba   a sus pies, sin lamentarse, quería andar muchos caminos  y allí nos encontramos  en  repetidas ocasiones.  Indiscutiblemente  igual, el mismo Rigo con el apretón  de manos  ajenas a la corrupción y  a lo inmoral. Presumo que le faltaban  diversos espejos que repartir. Rigo, esa partida  tuya es una mentira, a los dioses de barba  y pelo  blanco no los recibe la muerte. Tú canto sigue solidario, emotivo, magno, cotidiano, irónico, coherente, a veces bromista e invariablemente revolucionario. Es semilla necesaria .Poeta hermano, así me saludabas y yo te respondía: Hola poeta inmenso. Nos quisimos  desde el alfa hasta el omega. Fuimos camaradas invencibles. Enorme dicha la nuestra.

Rigo Paredes, Poeta  y  poesía vital. Poesía  cósmica  y esencial. Poesía  que atesora  el uso eficaz de la  sintaxis y el  delicado manejo del lenguaje. Poesía fresca, puntual, honda y elemental, aparentemente sencilla pero definitivamente  pura, humorística y ejemplar  .Poesía del entorno y de la naturaleza, Palabra hecha luz, luz hecha poesía, Rigo poeta iluminado. Poesía visceral, atrevida y pulcra. Poeta excelente, nítido  en su glosario  intelectual. Léxico florido, dominante, preciso e impresionante. Poeta de la dicción amena, poeta de la espera fructífera y de la tibia inocencia que caracteriza  el sendero de los magníficos  escritores. Poeta  de los cambios, aferrado a la  directriz  de las  agudas  imágenes y de las envolventes  metáforas. Él me hablaba de sus nuevos proyectos y compartíamos aspectos  del panorama del arte y  las letras. Quedan muchos textos publicados .Loable resultado del esfuerzo común, de la lucha propia y de  su amada, la poeta e historiadora Anarella Vélez, mujer  cabal. Mujer de búsquedas constantes, de riesgos decididos. Mujer emblemática, esposa con rostro de jardín, amorosa Penélope de hoy.

Rigo  deja una OBRA POSTUMA, que no significa  un  elemento intencional, era imposible, tal vez sin pensarlo presagio  lo que él  ni nosotros  podíamos imaginarnos: Un irreversible adiós.

Rescato aquí el recuerdo  de un poemario que me regalo  en El Salvador cuando asistimos al Festival  Internacional  de la Poesía, junto  a los poetas   Fabricio Estrada y Anarella . El dilecto compañero   me lo dedico así: “Para mi amigo, el poeta Marco Tulio Del Arca, con el viejo cariño  de siempre y un nuevo abrazo fraternal.” Incluso me invito para que volviera a su inolvidable café literario. Según me expresó leeríamos los dos. ¡Pero… tristemente no se pudo.¡

Ahora  solo nos queda la musicalidad  del verso largo. Sus  creaciones coloquiales, conversacionales, el numen  de  su riqueza  mitológica y  su fiel  dominio  en el tratamiento  del idioma. Poeta  sin extremos ni sectarismos, poesía ética  y sonora. Poesía justa, equilibrada  y sobria, Poesía  hecha de miel y de fuego. Poesía comprometida.  Poesía  y poeta de verdad. Poesía de dolor y de añoranzas. Poesía responsable en estos momentos  de infames  acontecimientos. Verso  honrado, irónico, revelador, desnudo, sarcástico y  cálido. Poeta exigente, disciplinado, rigoroso y respetuoso  de los diversos contenidos humanos.

Querido Hermano, espérame  al lado de tu gloria, al pie del árbol  de lo ignoto, allí llegare, no hay duda .Me da un gran  pesar  no haber  logrado tu invitación, pudo haber sido, entonces,  mi quinto conversatorio en tus dominios. Es una lástima  y me agobia  pensar que  ya no volveré a estar contigo en tu hermoso  PARADISO.

2 comentarios to “Rigoberto Paredes (1948-2015)”

  1. Estimado Hernan, soy Anarella Velez Osejo, esposa de Rigoberto, por supuesto que me parece magnifica su propuesta, solo pediria a cambio que me proporcione el texto en pdf para revisarlo previamente, una vez publicado, el equivalente el 10% de los libros, es decir 100 para divulgarlo aquí, y que me proporcione una version editable para ver si es posible imprimirlo con nuestro sello editorial, Ediciones Libreria Paradiso, reconociendo su trabajo, por supuesto, Si usted esta de acuerdo con estas condiciones, podemos formalizar este acuerdo. Gracias por su valoracion de la obra de Rigoberto. Saludos fraternos. Anarella Vélez Osejo

  2. Hernán Vargascarreño Says:

    Va mi saludo desde Bogotá. Quiero publicar en Colombia, con mis propios dineros, una antología del gran poeta Rigoberto Paredes, para lo cual pido ayuda con alguien que conozca a su familia para poder obtener el debido permiso. Soy traductor, editor y poeta. Mi sello editorial se llama Exilio y ya tengo en mi poder 5 títulos del poeta Paredes; me faltan tres o cuatro. Mi nombre es Hernán Vargascarreño (así aparezco en el facebook) y mi correo es poetasalexilio@gmail.com Mucho agradezco una respuesta para ver si es posible que en nuestro país se conozca más a este gran poeta de Honduras. La edición será de mil ejemplares destinados a ser repartidos gratuitamente en festivales de poesía, bibliotecas, grupos de lectura, entre otros. Espero ansioso una respuesta.

Gracias por dejar un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: