Rigoberto Paredes

rigoberto Paredes

(Trinidad, Santa Bárbara,  Honduras, 26 de abril de 1948 – Tegucigalpa, Honduras, 9 de marzo de 2015). Poeta, ensayista y editor. Una de las voces más representativas de la poesía escrita en Honduras a partir de la segunda mitad del siglo XX.  Perteneció a los grupos literarios: Tauanka de Tegucigalpa y Punto Rojo de Colombia. El tesonero trabajo de Paredes  es reconocido en su país, en donde fue galardonado con el premio   It-zamná de Literatura, otorgado en 1983 por la escuela Nacional de Bellas Artes  y el Premio Nacional de Literatura Juan Ramón Molina (2006). Finalista en los Certámenes internacionales de poesía de Casa de Las Américas (Cuba), EDUCA (Centroamérica) y Plural (México). 

Ha sido co fundador de los  proyectos editoriales: Editorial Guaymuras, Editores Unidos y Ediciones Librería Paradiso, así como de las revistas Alcaraván, Paradiso,  Imaginaria y Galatea .

Obras publicadas: En el Lugar de los hechos (1974); Las cosas por su nombre (1978); Materia prima (1987)Fuego lento (1989)La estación perdida (2002); Obra y Gracia (2006); Segunda Mano (2011),  Lengua Adversa (2012),  Partituras para cello y caramba (2013), Irreverencias y Reverencias (2014).  Es coautor, junto con Roberto Armijo, de la antología Poesía contemporánea de Centroamérica, publicada en Barcelona. 

Leal a su compromiso con la poesía, partició en recitales personales y colectivos, organizados, muchos de ellos, en el contexto de festivales, en Honduras, Madrid, Francias,  Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Estados Unido de América, México, Colombia, Argentina, Chile, y  otros países del mundo.

Paredes estableció,  desde muy, relaciones entrañables con los poetas de la región centroamericana, particularmente con Roberto Armijo, como lo muestra su estancia en París en 1980, durante la cual prepararon la Antología de Poesía Contemporánea de Centroamérica.

La extensa creación de Paredes transita por temas, metáforas y ritmos que muestran su profunda identidad con la tradición poética de América Latina. El eje semántico que domina su poesí es la ironía. Ironiza el amor, la muerte, el desamor, la soledad y la poesía misma.

Irreverencias y Reverencias confirma a Rigoberto Paredes como la primera figura de la escena literaria hondureña pos moderna, poesía que tiene el efecto conmovedor de una marejada en proceloso mar. Poesía de ruptura con la retórica que nos aleja de la substancia y de la verdad, poesía que expresa su lealtad con la vida.

Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, italiano y portugués.

Con el poemario  IRREVERENCIAS Y REVERENCIAS Rigoberto Paredes alcanza cuatro décadas de trabajo literario, serio y creativo, lapso en las que recoge la herencia de sus antecesores y logra una voz de extraordinaria factura, y nos encara con el escritor que ejerció permanentemente el oficio de poeta, cuyas imágenes de la vida, del amor, del dolor, de la poesía misma. están tomadas de la realidad y la literatura, en una relación esencial, vital, en la que resignifica la experiencia. 

 

 

CONJURO

 

Poesía,

no me dejes decir

lo que después yo tenga

que borrar, arrepentido.

Que nunca ponga en boca

de metal indeleble

lo que el más leve viento

dispersar podría a ras de página.

Que pueda yo nombrarte

sin esa amarga tinta del remordimiento,

dura, vieja condena de poetas penantes.

Y hazme reír, poesía, de mi mismo y de ti,

de todo cuanto luzca recato y compostura.

Sálvame de las frentes lustrosas y altaneras,

y descreído vuélveme

del que a tu puerta toca

desesperadamente,  lunático de sí, poesía,

candorosa  divisa de los faltos de ti.

Canta, poesía,  canta, en mi pecho grita

y por tu gracia vuélvase mi verbo

invicto puño y letra invicta ante el espanto;

no aullante, no inocente, nunca en fuga.

En tu nombre, poesía,

has de verme resistir por la herida.

El poeta Rigoberto Paredes nos ha legado dos poemarios inéditos Nada que valga pena  y Obra Póstuma

De Nada que Valga la pena:

 

MUDANZAS

Qué se pierde cuando pierdes el tren

que tanto esperaste

en la estación equivocada.

Si acaso, ese ramo de lilas que llevabas

a la tumba de tu madre.

Mañana será otra lila, bella durmiente,

la que habrás de lucir en tu chalina roja.

Y temprano vendré a despertarte

para juntos cortar florecillas de abril.

Hace tiempo lloraste por un muerto

y no olvido esa vez.

¿Quién se muere cuando uno muere?

Mejor canta, señora, canta,

yo alumbraré tu voz con mi sonaja maya.

Ahora que no ves, que duermes día y noche

y no hablas, no oyes,

conmigo, madre mía, escucha,

el silencio escucha y su música insepulta.

Y cante yo, te cante tu ángel

de Jericó, la cananea.

 

 

RISAS

Por objeto de risa te tomaron

sin saber vos por qué

y en tus narices burla y agravio

repartían los pendejos

mientras te señalaban como a bicho insano.

Y de tal manera se doblaban,

las manos tamboreando en sus barrigas

como orangutanes en celo,

que de bruces caían sin cesar de reir.

Distinguida es la risa en boca de algún loco

prestigiosa se vuelve, sin par

cuando razón nos da de vivir como nos dé la gana.

Qué diera el triste

por salvar esa caída a carcajadas.

Y el condenado a muerte

en quién hallar podría una sonrisa en fuga

como la del diablillo Achís

bajo el ojo en volandas del cabalista Bâhr.

Risas hay muchas,

unas de buena y otras de mala leche,

la del tonto, la del clown, la del loco

la risa del dormido y la del trasnochado.

Muchas, muchas,

pero ninguna

como la risa chillona de una calavera.

 

 

PEOR QUE TODOS

 

Yo traicioné ese sacro lugar que me fuera fijado,

pero gané, yo el peor de todos,

yo, vencedor de tirios y troyanos

que juntaron poder y maledicencia en contra mía.

Impío fui esas veces como los dioses del mal

y di a beber pócimas letales al sediento

y sobras de vieja hiena a quien pedía bocado.

Cobardes todos, que puertas al campo levantaron

para dejarme a solas, a mí solo, ciego de amor,

vuelto un demente

abandonado en las orillas del río de Heráclito.

Lejos, apartado ahora de ese tiempo de matanzas,

veo empozada la sangre en los ojos de mis muertos

y crece mi dolor, crece por ellos.

¿Quién, por qué querrían ser

peor que yo,

el infame, el maligno, el peor que todos?

 

EL AMIGO POETA

El amigo poeta

llegó a Paradiso a preguntar por mí.

Me dejó en buenas manos

un ramo de sus versos

frescos y olorosos a ese mar donde vive;

destellos de ira eran con nombres y apellidos

de este país confuso, ambiguo hasta en sus alcobas.

Viaje de ida y vuelta el mismo día

fue como siempre el suyo

y manera no hay de apartarlo más tiempo

del ojo al Cristo de Zoila.

Quien no lo vio esa vez

no lo verá por largos meses,

porque el amigo poeta

cuida de pacientes y sirenas, seres muy dados

a morirse de amor en las madrugadas.

Yo fui a verlo un domingo

a bordo de un tractor del poeta Quesada

y allí estaba el nacido en Coyoles Central,

cantando, a voz en cuello, Oh sole mío

bajo aquel solazo de abril

que hacía reverberar la piel de las ceibeñas.

Tiempo sin vernos, años, lo suficiente, digo,

para que la amistad se vuelva

llama imborrable, prendida en la memoria.

 

Tras el sentido fallecimiento de Rigoberto Paredes, el poeta Rolando Kattan escribió :

 

¿Por qué no murió un astro?

Rolando Kattan

El pasado trece de febrero, en Café Paradiso, el poeta Rigoberto Paredes presentaba su último poemario: “Irreverencias y reverencias” supe del poeta, que este libro era uno de los tres libros de poesía inéditos, y que los otros dos los titularía: “Nada que valga pena” y “Obra Póstuma” (riéndose, me decía: “Obra Póstuma” es un título para muertos, pero yo lo quiero titular así.

Hoy, unos días después de ese encuentro y de luchar una semana, tan ardua y tan larga, como la primera del Génesis, Rigoberto expiró. Y por él, de quien aprendí a rezar con los poemas, ¡Dios!: ¿Por qué no murió un astro?como lo escribió Molina, es porque acaso, como lo reveló Vallejo ¡tú no tienes Marías que se van!

La causa de su muerte, la misma de los santos, sentarse a conversar en el monte, y como un río interminable, conversar, sí, conversar a corriente tendida, nadie había leído tanta poesía en este país y si me equivoco (que no creo), nadie tan memorioso como él, y si me equivoco (que no lo creo), nadie tan generoso, nadie más hizo de su sabiduría un árbol de frutas, ramificado siempre a la casa vecina.

Publicó la mitad de su obra en los últimos diez años, estaba tan lleno de poesía, de vida. Ignoro (porque me duele decir “sé”) que Honduras no sabe cuánto ha perdido. Hoy no ha muerto un poeta consagrado, sentado en sus laureles, no, murió nuestro poeta y murió escribiendo. El discurso no es ese, “que nos quedan sus libros” no, perdimos al poeta, y nuestro futuro queda maltrecho, siempre maltrecho, lo que no dijo Molina, lo que no dijo Domínguez, lo que no dijo Merren, lo que no dijo Bulnes, lo que ya no dijo Rigoberto, no lo dirá nadie y lo necesitábamos.

2 comentarios to “Rigoberto Paredes”

  1. imagino a la poesia dandole un abrazo ,un beso, una caricia de descanso.

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